Resumen ejecutivo

El Informe de Asistencia Humanitaria Global 2026 (GHA, por sus siglas en inglés) muestra una contracción sin precedentes en la financiación humanitaria internacional, lo que ha dejado a millones de personas en crisis sin asistencia y un retroceso en las reformas prometidas.

La financiación humanitaria internacional se ha contraído casi un tercio desde 2023, con una caída en un solo año del 20% en 2025, lo que sitúa la asistencia total en su nivel más bajo en una década. Estados Unidos y Alemania representan, en conjunto, casi 9 de cada 10 dólares perdidos el año pasado. Los donantes del Golfo, sin embargo, han incrementado sus contribuciones. Este panorama de donantes más diverso conlleva el riesgo de que la asistencia se vea afectada negativamente por la fragmentación y por intereses contrapuestos, a menos que se tomen medidas para mejorar la coordinación. Casi todas las crisis principales han sufrido recortes en la asistencia, y la mayor brecha de financiación registrada en los llamamientos coordinados por la ONU se traduce en que innumerables personas necesitadas se quedaron sin asistencia en 2025. Millones de personas han sido excluidas de los planes humanitarios mediante procesos de priorización introducidos para responder a la escasez de fondos. En este contexto, los actores humanitarios siguen esperando las reformas prometidas hace 10 años en el marco del Gran Pacto (conocido internacionalmente como el Grand Bargain). Tras cambios muy limitados, los avances logrados en áreas clave de reforma están retrocediendo. Cada vez son más las voces que piden tanto reformar el sistema existente como crear una visión completamente nueva para el sector humanitario. Despertar la voluntad política sigue siendo el mayor desafío de todos.

1. El cambiante panorama de los donantes

Uno de cada tres dólares humanitarios ha desaparecido en apenas dos años.

La asistencia humanitaria internacional se contrajo un 29,7% en los últimos dos años, pasando de 47 400 millones de dólares estadounidenses en 2023 a 33 300 millones de dólares en 2025. Se trata del retroceso sostenido más pronunciado registrado hasta la fecha. La caída más brusca se produjo en 2025, cuando la financiación se desplomó un 20% (-8100 millones de dólares) en un solo año. La asistencia humanitaria internacional total se sitúa ahora en su nivel más bajo en una década.

La financiación humanitaria cayó por tercer año consecutivo, con una reducción del 20% en 2025

Asistencia humanitaria internacional total, 2021–2025 (en miles de millones de US$)

1. Total IHA_Fig1.1_1306_v1_1_SP

Fuente: ALNAP, con base en datos del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Servicio de Seguimiento Financiero (FTS, por sus siglas en inglés) de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) de las Naciones Unidas y nuestro conjunto de datos único sobre contribuciones privadas.

Notas: Las cifras de 2025 son preliminares. Los totales de años anteriores difieren de los publicados en informes previos de Asistencia Humanitaria Global (GHA, por sus siglas en inglés) debido a la actualización de los deflactores y de los datos. Los datos están expresados en precios constantes de 2024. La metodología utilizada para calcular el total de la asistencia humanitaria internacional se detalla en el capítulo “Metodología y definiciones”.

Estados Unidos y Alemania aplicaron los recortes más drásticos; juntos, representan el 88% de la caída total de la financiación humanitaria en 2025. Estados Unidos realizó el mayor recorte, reduciendo su contribución en un 55%, de 13 500 millones de dólares a 6 100 millones. Por su parte, Alemania redujo su aportación un 36%, pasando de 2 300 millones de dólares a 1 500 millones. La financiación privada ha seguido la misma tendencia que la pública: ha caído cada año durante los últimos tres ejercicios y se ha contraído un 40% desde su pico en 2022. Las organizaciones humanitarias han visto frustradas sus expectativas de que los donantes privados compensaran el déficit gubernamental.

Se esperan más recortes, pero es probable que lo peor ya haya pasado.

A partir de la información limitada disponible sobre los presupuestos de los donantes y del contexto general, se han elaborado proyecciones optimistas y pesimistas para establecer el rango probable en el que oscilarán los niveles de financiación en 2026. En el escenario más optimista, los recortes se estabilizan con una reducción moderada del 2% respecto a los niveles de 2025. En el escenario más pesimista, los recortes alcanzan un 11% adicional. Esto significa que la financiación pública podría contraerse un 39% desde su pico de 2023. Dados los impactos previstos de la guerra en Irán, especialmente en el caso de los donantes del Golfo, existen sin duda motivos de preocupación ante un escenario más pesimista.

Los principales donantes siguen trayectorias divergentes, reconfigurando el panorama de la financiación.

En 2025, las variaciones en las aportaciones de los 20 principales donantes transformaron el panorama de la financiación más que en cualquier otro año de la última década. El peso de los cuatro grandes donantes disminuyó al caer su participación en el total de la financiación, mientras que las posiciones del resto de los donantes fluctuaron. Siete de los 20 principales donantes redujeron su financiación en más de un 10% respecto a 2024: Estados Unidos (–55%), Alemania (–36%), Japón (–29%), Turquía (–18%), Arabia Saudí (–14%), Francia (–11%) y Corea del Sur (–11%). En cambio, seis donantes aumentaron notablemente sus aportaciones en 2025: Catar (+189%), Emiratos Árabes Unidos (+54%), Canadá (+38%), Italia (+15%), Suiza (+8,5%) e Irlanda (+6,6%). Otros seis donantes permanecieron relativamente estables, con una variación de entre el –5% y el +5% respecto a los niveles de 2024.

En 2025, la mayoría de los principales donantes disminuyó su contribución a la asistencia humanitaria.

Los 12 principales donantes públicos de asistencia humanitaria en 2025 y su variación respecto a 2024

2. 12 largest donors_Fig1.3_LayoutVersion_0806_10_SP

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la OCDE (CAD), UN OCHA FTS y UN CERF.

Notas: Los datos de 2025 son preliminares. Los datos se expresan en precios constantes de 2024. Por «donantes públicos» se entiende los gobiernos y las instituciones de la UE. Las contribuciones de los Estados miembros actuales y antiguos de la UE a la asistencia humanitaria internacional de las instituciones de la UE se presentan por separado. Las cifras de 2024 difieren de las publicadas en el Informe de Asistencia Humanitaria Global 2025 debido a la actualización de los datos finales de asistencia humanitaria internacional y al uso de un año base distinto para los precios constantes. EAU = Emiratos Árabes Unidos

La hegemonía tradicional que los miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE mantenían entre los principales donantes está empezando a cambiar. Alemania ha salido del grupo de los cuatro primeros, superada por los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, que ocupan ahora la cuarta y quinta posición. La participación de EE. UU. en la financiación pública del sistema humanitario cayó de cerca del 40% al 23%, mientras que la de los donantes del Golfo aumentó del 10% al 17%. Por su parte, las instituciones de la UE incrementaron ligeramente su cuota en el total de la financiación. Si bien EE. UU. sigue siendo el mayor donante con diferencia y conserva una gran capacidad de influencia en la agenda, este panorama fragmentado conlleva consecuencias. Existe el riesgo de que los distintos donantes persigan prioridades paralelas, dificultando el trabajo de las organizaciones ejecutoras, que se ven atrapadas entre intereses contrapuestos. Una coordinación sólida entre los financiadores es, más que nunca, una prioridad absoluta.

2. Contextos de crisis en medio de los recortes

La financiación destinada a casi todas las grandes crisis humanitarias se ha recortado —en algunos casos, en más de la mitad.

En 2025, la financiación de 18 de las 20 mayores crisis se redujo; solo Palestina y Myanmar registraron aumentos. Palestina recibió un incremento del 15% hasta alcanzar los 4.400 millones de dólares -cuadruplicando su nivel de 2022 a medida que la crisis de Gaza se agravaba-, mientras que la financiación para Myanmar creció un 11%. Por el contrario, Siria y Ucrania continuaron su descenso plurianual; ambas se sitúan ahora muy por debajo de la mitad de sus niveles máximos de financiación. Las crisis prolongadas fueron las más afectadas: Líbano y Jordania perdieron más de la mitad de sus fondos en un solo año, y otros seis países, entre ellos Yemen, Somalia y la República Democrática del Congo, sufrieron recortes superiores al 40%. Con unos recursos cada vez más limitados, la financiación se ha concentrado: los cinco principales receptores absorbieron el 51% del total asignado a países, frente al 43% del año anterior.

A excepción de Palestina y Myanmar, todos los principales países receptores de ayuda humanitaria sufrieron recortes en 2025.

Países receptores de asistencia humanitaria internacional, 2023–2025

3. Recipient countries of IHA_Chart 2.1 GHA 2026-SP

Fuente: Basado en datos del Servicio de Seguimiento Financiero (FTS) de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Notas: Los datos están expresados en precios constantes de 2024. Los totales de años anteriores difieren de los publicados en informes anteriores de GHA debido a la deflación y a la actualización de los datos.

El equilibrio de influencia está cambiando a medida que EE. UU. deja de ser el «donante principal» en muchos contextos humanitarios.

En 2025, el equilibrio de la influencia de los donantes cambió notablemente en las mayores crisis humanitarias a nivel global. En 19 de los 20 principales países receptores, la cuota conjunta de los tres mayores donantes históricos cayó hasta un tercio, mientras que el puesto de donante principal —el mayor a nivel individual— cambió en seis de ellos. EE. UU. fue sustituido como donante principal por las instituciones de la UE en el Líbano y Somalia, por Australia en Myanmar, por Alemania en Níger, por Arabia Saudí en Siria y por los Emiratos Árabes Unidos en Palestina. Si bien EE. UU. siguió siendo el mayor donante en 13 contextos, su cuota de financiación disminuyó en cada uno de ellos. Por su parte, las instituciones de la UE aumentaron su participación en 18 de los 20 contextos. Los donantes del Golfo también ganaron protagonismo en los entornos afectados por conflictos en Oriente Medio y el Norte de África; el caso más llamativo fue el de Palestina, donde la financiación de los Emiratos Árabes Unidos se duplicó con creces, convirtiéndose en el mayor donante por un margen significativo. En conjunto, estos cambios apuntan a un panorama de donantes más fragmentado, con implicaciones en cómo se priorizan, organizan y financian las respuestas humanitarias, dependiendo de las formas en que los donantes elijan usar su posición dominante.

Al recortar fondos, los grandes donantes reducen y reconfiguran su presencia en los principales países receptores.

Cambio en la cuota de donantes: aportaciones en 2025 de los tres mayores donantes de 2024 por contexto

4. Changes in donor concentration_Chart 2.2 GHA 2026-SP

Fuente: Basado en los datos del FTS de UNOCHA (Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios).

Notas: Los datos de 2025 son preliminares. Los datos se expresan en precios constantes de 2024. Para cada contexto, el gráfico muestra la cuota de financiación humanitaria a nivel de país aportada por sus tres mayores donantes históricos y una categoría residual «Otros» que abarca al resto de donantes. Las cifras de 2024 difieren ligeramente de las publicadas en el Informe GHA 2025 debido a la actualización de los datos y a la deflación.

La mayor brecha de financiación registrada dejó a millones de personas sin asistencia en 2025.

Las solicitudes de fondos coordinadas por la ONU representan los requisitos de financiación establecidos en los planes de respuesta interinstitucionales para abordar las necesidades derivadas de una crisis humanitaria. Las cantidades recaudadas para estas solicitudes cayeron por tercer año consecutivo en 2025 hasta los 16 600 millones de dólares, lo que generó la mayor brecha de financiación registrada, con apenas un 35 % de los requisitos cubiertos. Las consecuencias son graves e incluyen desde la suspensión de la asistencia alimentaria hasta el cese total de la presencia de las organizaciones de ayuda en los países. Millones de personas en situación de necesidad no habrán recibido asistencia humanitaria.

Se está invisibilizando a las personas en situación de necesidad en un intento por reducir el importe de las solicitudes.

Desde 2024 se ha priorizado continuamente para concentrar la ayuda en los más vulnerables y reducir los fondos que solicita la ONU. Esto ha obligado al sistema humanitario a restringir quién recibe ayuda y con qué fin. Como consecuencia, millones de personas corren el riesgo de quedar invisibilizadas, después de que el proceso de “hiperpriorización” de 2026 dejara a 152 millones fuera de los planes de asistencia. Si bien esto responde a una crítica histórica de que el sistema humanitario se ha expandido más allá de las crisis agudas para cubrir servicios y necesidades básicas, los recortes simultáneos en la financiación humanitaria, de desarrollo y de paz corren el riesgo de dejar a un número creciente de personas completamente desprovistas de apoyo internacional.

Las crisis prolongadas absorben la práctica totalidad de la financiación humanitaria.

En 2025, casi toda la financiación humanitaria para las solicitudes coordinadas por la ONU (el 95 %) se destinó a crisis prolongadas. Una crisis prolongada se define como cualquier crisis humanitaria que haya contado con una solicitud de fondos de la ONU durante cinco años o más. Este es un fenómeno relativamente reciente –en 2016, solo el 54 % de la financiación se dirigía a crisis prolongadas. Hoy en día, estas crisis cuentan de media con planes de respuesta de 15 años de duración, lo que evidencia que la transición para superar la dependencia de la ayuda humanitaria sencillamente no se está produciendo.

3. Reforma humanitaria y provisión

Una década perdida: los actores humanitarios siguen esperando las reformas prometidas hace diez años.

A una década de la Cumbre Mundial Humanitaria, el avance en los compromisos de reforma del Grand Bargain ha sido lento e irregular, y la reciente y profunda contracción de la financiación amenaza con revertir incluso los escasos logros alcanzados. Ante la escasez de recursos, las organizaciones han priorizado la supervivencia sobre la reforma, y lo que inicialmente parecía un estancamiento temporal ahora apunta a convertirse en un retroceso a largo plazo.

El compromiso de canalizar el 25 % de la financiación humanitaria global hacia actores locales y nacionales no se ha cumplido y está en retroceso. La financiación directa e indirecta a organizaciones locales y nacionales representó el 8,7 % del total en 2025, tras caer de 3500 millones de dólares en 2024 a 2500 millones en 2025 (los datos de 2025 son parciales). La asistencia en efectivo y cupones también cayó en términos absolutos, pero aumentó en proporción a la financiación humanitaria total, demostrando ser más resiliente ante los recortes generales. Un ámbito de cambio positivo es la acción anticipatoria: financiación que se activa entre la alerta de una crisis y su impacto. El volumen de fondos disponibles para la acción anticipatoria ha crecido hasta alcanzar, por primera vez, el equivalente al 1 % de la asistencia humanitaria total. Sin embargo, su expansión para cubrir más emergencias implica que los recursos desembolsados por activación se han reducido a más de la mitad en los últimos dos años. Esto se traduce en una cobertura más débil frente a un número creciente de crisis climáticas.

Las organizaciones multilaterales se mantuvieron como el principal grupo receptor y absorbieron la mitad de toda la financiación directa de los donantes en 2025.

Proporción de la financiación por tipo de organización receptora (ONU, ONG y gobiernos)

5. Proportion of funding_Fig3.1_1306_v1_SP

Fuente: FTS de OCHA de la ONU, datos de concesión de subvenciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Centro de datos de los Fondos Mancomunados en los Países (CBPF) de OCHA de la ONU, Portal de Transparencia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Colaboración con socios financiados del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Notas: Los fondos asignados cada año por las agencias de la ONU que disponen de datos sobre sus socios (a saber: OIM, UNICEF, PMA y ACNUR) provienen de sus propios informes, según disponibilidad.

La influencia estadounidense en los fondos comunes liderados por la ONU ha aumentado drásticamente.

Los fondos comunes se han convertido en un eje central en la entrega de asistencia humanitaria. Tras el cierre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y los importantes recortes en el gasto humanitario estadounidense en 2025, el Departamento de Estado de EE. UU. anunció contribuciones por un total de casi 3800 millones de USD a fondos comunes gestionados por la ONU para 2026, frente a los cero dólares de 2025. Esto representa un cambio drástico en la forma en que EE. UU. canaliza su financiación, alejándose de la combinación tradicional de agencias de la ONU y ONG, y orientándose hacia mecanismos gestionados por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). EE. UU. ejerce un peso e influencia desproporcionados en el sistema de fondos comunes, a pesar de su reducida presencia general como donante humanitario. En algunos países, las contribuciones estadounidenses representan la totalidad de los recursos de estos fondos. Tal concentración de financiación a través de OCHA también ha transformado su papel: ha pasado de ser un coordinador del sistema a convertirse en gestor de fondos y guardián del acceso.

Esto tiene consecuencias importantes, entre ellas, la consolidación de un sistema de dos niveles dentro de los fondos comunes. Los proyectos financiados por EE. UU. favorecen a las grandes agencias de la ONU, conllevan plazos de ejecución más cortos y priorizan proyectos de bienes y suministros, como los de seguridad alimentaria. Esto contrasta marcadamente con los proyectos financiados por el resto de los donantes, que muestran una mayor preferencia por las organizaciones locales, las subvenciones a largo plazo y sectores como la protección y la salud. Es más, al limitar la financiación a solo 18 de los 30 países elegibles para fondos comunes, EE. UU. está excluyendo activamente del acceso a recursos a muchos países con críticas necesidades humanitarias. Los datos preliminares de 2026 ya muestran impactos adversos para la localización: en lo que va de año, solo el 7% de los fondos comunes se ha asignado a ONG nacionales, en comparación con casi el 46% registrado en 2025.

En 2026, EE. UU. destinó gran parte de su asistencia humanitaria a fondos comunes de la ONU.

Contribuciones a fondos comunes, 2021–2026

6. Funding contri to pooled funds_Fig3.5_1306_v1_SP

Fuente: Centros de datos de OCHA CBPF (Fondos Comunes Humanitarios de País -CBPF, por sus siglas en inglés-) y el Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF, por sus siglas en inglés).

Notas: Los datos están expresados en precios corrientes. Basado en datos de contribuciones a fondos comunes gestionados por la ONU. Los datos de 2026 son preliminares.

Es hora de un replanteamiento radical.

La creciente presión sobre la respuesta humanitaria ha llevado a pedir, de forma generalizada, que se replantee el Grand Bargain y se defina una nueva visión del propio humanitarismo. Tanto el Panel Asesor sobre el Futuro de la Acción Humanitaria como la Comisión Lancet sobre salud, conflictos y desplazamiento forzado han propuesto, entre otras medidas para fomentar la justicia, la equidad y la rendición de cuentas, acabar con los monopolios internacionales en la acción humanitaria y crear fondos comunes que no dependan de la ONU. Diez años después, el impulso de la Cumbre Humanitaria Mundial ha desaparecido; convertir estas nuevas propuestas en acciones concretas exigirá recuperar la voluntad política. Es un desafío que, por grande que sea, debe afrontarse.

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